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Kuki en el pueblo de sus abuelos
Kuki y sus amigas visitan Calles y comparten juegos y recuerdos con sus abuelos.
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Kuki y sus amigas visitan Calles y comparten juegos y recuerdos con sus abuelos.
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El cuento completo · 32 páginas
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Portada
Kuki en el pueblo de sus abuelos
Página 1
Kuki abrió su mochila y metió un cuaderno.
—¿Para qué lo llevas? —preguntó Mónica.
—Para dibujar lo que hagamos en el pueblo de mis abuelos.
En la primera hoja escribió una palabra: Calles.
Página 2
Telma, Anita, Roma y Claudia también estaban preparadas.
Habían traído sus cosas para pasar unos días juntas.
Kuki las miró, una por una.
—¡Mis abuelos tienen muchas ganas de conoceros!
Página 3
Durante el viaje aparecieron montañas tras la ventanilla.
—Calles está en la Serranía de Valencia —les contó Kuki.
Se tocó con cuidado la barbilla. La herida seguía allí,
aunque ella ya estaba pensando en todos los juegos que les
esperaban.
Página 4
Al llegar, vieron casas, tejados y un campanario.
El abuelo las esperaba con la abuela.
Kuki corrió a abrazarlos.
Después presentó a sus amigas, diciendo sus nombres sin
dejarse ninguno.
Página 5
—Esta es vuestra casa estos días —dijo la abuela.
Había sitio para las mochilas y para el cuaderno de Kuki.
Claudia lo abrió por la primera hoja.
—Aquí podemos dibujar vuestra llegada —propuso.
Página 6
El abuelo se agachó junto a Kuki.
—¿Cómo va esa barbilla?
—Todavía tengo la herida.
—Conozco a un médico. Voy a acompañarte para que te vea.
Kuki le dio la mano y salieron juntos.
Página 7
Sus amigas les dijeron adiós desde la puerta.
—Te guardamos el cuaderno —dijo Anita.
Kuki caminó al lado del abuelo. Él saludaba a la gente que
se encontraban, y ella empezó a reconocer el camino entre
las casas.
Página 8
El médico saludó al abuelo y escuchó a Kuki.
—Primero voy a mirar tu barbilla —le explicó.
Kuki levantó un poquito la cabeza.
El abuelo se quedó a su lado, con la mano cerca por si ella
quería cogerla.
Página 9
El médico se ocupó de la herida y les explicó cómo seguir
cuidándola.
Kuki escuchó junto a su abuelo.
Al salir, respiró más tranquila.
—Gracias por venir conmigo —le dijo.
—Siempre que me necesites —respondió él.
Página 10
Aquella tarde dieron un paseo por el pueblo.
Al doblar una esquina, Telma señaló hacia arriba.
—¡El campanario!
Las seis se detuvieron para mirarlo. Desde allí se veía el
reloj y, más arriba, el lugar de las campanas.
Página 11
Mónica intentó dibujarlo en el cuaderno.
—Me ha salido torcido.
Roma inclinó la cabeza para mirarlo.
—Ahora parece que nos está saludando.
Se rieron tanto que Mónica decidió dejar el dibujo tal como
estaba.
Página 12
Siguieron por las calles del barrio de la Petrosa.
Unas esquinas escondían otras esquinas.
—¿Por dónde habíamos venido? —preguntó Claudia.
Kuki buscó al abuelo con la mirada. Él las esperaba un poco
más adelante.
Página 13
La abuela les enseñó por dónde volver a casa.
Anita dibujó el recorrido con una línea que daba muchas
vueltas.
—¡Parece un hilo enredado!
Debajo, las amigas añadieron una puerta, una ventana y una
maceta que habían visto al pasar.
Página 14
Otro día, los abuelos las llevaron a conocer el acueducto de
Peña Cortada.
Entre las rocas apareció una construcción de piedra.
Kuki se quedó quieta, mirándola.
—¿Cómo hicieron algo tan grande?
El abuelo sonrió. Tenía una historia que contarles.
Página 15
—Hace mucho tiempo lo construyeron para llevar agua —les
explicó.
Desde el lugar donde estaban, contaron los tres arcos.
Claudia los dibujó en el cuaderno.
Esta vez necesitó dos hojas abiertas para que le cupiera
todo.
Página 16
También hubo una tarde de birlas.
El abuelo preparó el juego y les enseñó cómo jugar.
Kuki quiso probar la primera.
Sus amigas se colocaron a su lado, esperando su turno y
mirando con mucha atención.
Página 17
Después le tocó a Mónica. Luego probaron Telma, Anita,
Roma y Claudia.
Cada tirada provocaba algún comentario y muchas risas.
—Ahora entiendo por qué te gusta este juego —le dijo Kuki
al abuelo.
Él se preparó para su turno.
Página 18
Más adelante, llegó la tarde de las colchonetas.
Kuki y sus amigas llevaban un rato hablando de ellas.
—¡Por fin! —dijo Roma al verlas.
Entre las seis encontraron la manera de organizarse para
que todas pudieran jugar.
Página 19
Cuando terminaron, volvieron junto a los abuelos con las
mejillas encendidas de alegría.
Anita abrió el cuaderno.
—Este dibujo lo hacemos entre todas.
Cada amiga añadió un detalle. Al final, casi no quedaba
espacio en la hoja.
Página 20
En la cancha de baloncesto, Telma hizo botar la pelota.
—¿Jugamos tres contra tres?
Kuki se puso con Mónica y Roma.
Anita, Telma y Claudia formaron el otro equipo.
El abuelo se sentó a mirar el partido.
Página 21
Mónica pasó a Kuki. Kuki pasó a Roma.
En el otro equipo, Claudia pidió la pelota y Anita se la lanzó.
Hubo tiros que entraron y tiros que no.
—¡Otra vez! —decían unas y otras cuando el balón volvía a
sus manos.
Página 22
Los días siguieron pasando entre paseos, juegos y ratos en
casa.
La barbilla de Kuki iba mejor.
En el cuaderno ya había una torre torcida, un camino
enredado y un acueducto enorme.
Todavía quedaban hojas en blanco.
Página 23
—Falta dibujar algo azul —dijo Kuki.
—¡La piscina! —contestó Roma.
Prepararon los bañadores y las toallas.
Mónica añadió una piscina al cuaderno antes de salir.
Las demás le pidieron que esta vez dejara sitio para
dibujarlas dentro.
Página 24
En la piscina, Kuki entró despacio en el agua.
—¡Qué fresquita!
Anita estaba junto a ella y Claudia acababa de llegar al
borde.
Los abuelos las acompañaban. Las toallas esperaban
extendidas cerca de donde estaban sentados.
Página 25
Telma movió los pies y apareció un remolino pequeño.
Roma quiso hacer otro. Mónica se acercó para verlo.
Kuki miró a sus amigas y empezó a reírse.
El dibujo de aquella tarde iba a necesitar muchas
salpicaduras.
Página 26
Otro día fueron al río Tuéjar con los abuelos.
Lo oyeron antes de llegar a la orilla.
—Suena distinto a la piscina —dijo Claudia.
El agua corría entre las piedras y las hojas se movían sobre
sus cabezas.
Página 27
Dejaron sus cosas donde les indicaron los abuelos y entraron
juntos en una zona poco profunda.
Kuki notó las piedrecitas bajo los pies.
—¡También está fresquita!
Mónica le dio la mano mientras encontraban un sitio cómodo
para quedarse.
Página 28
Anita y Roma miraban cómo se movía el agua alrededor de
sus piernas.
Telma y Claudia estaban cerca, junto a la abuela.
Kuki se agachó y rozó la superficie con los dedos.
El río siguió corriendo entre todas ellas.
Página 29
Después se sentaron en la orilla, envueltas en sus toallas.
El abuelo repartió la merienda.
—En el cuaderno no cabe el sonido del río —dijo Kuki.
—Podemos recordarlo cuando miremos el dibujo —respondió
Claudia.
Kuki cerró los ojos un momento para escucharlo.
Página 30
La última tarde extendieron el cuaderno sobre la mesa de
los abuelos.
Las seis fueron pasando las hojas.
—Aquí faltas tú —le dijo Mónica al abuelo.
—Y tú —añadió Anita, mirando a la abuela.
Entre todas les hicieron un retrato.
Página 31
Al despedirse, Kuki abrazó a sus abuelos.
Les dio las gracias por los juegos, los paseos y por cuidarla.
Sus amigas también quisieron abrazarlos.
El cuaderno volvió a la mochila, esta vez lleno de dibujos
que habían hecho juntas.
Página 32
En el camino de vuelta, Kuki abrió la última hoja.
Había dejado un hueco pequeño.
Dibujó seis amigas cogidas de la mano.
Mónica miró por encima de su hombro.
—La próxima vez llevamos otro cuaderno.
—¡Uno más grande! —dijo Kuki.
- Acompañamiento
- Lectura acompañada por una persona adulta
- Páginas
- 32
- Edición
- Maqueta de lectura · v1
- Formatos
- Lectura web a doble página y PDF














